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Comunidad maya toca las puertas del mercado forestal en Guatemala

En la sierra de Los Cuchumatanes, Huehuetenango, al noroccidente de Guatemala, unas 500 familias indígenas de la étnia maya Mam, dedicadas a actividades de subsistencia como la agricultura y el pastoreo de ovejas, establecieron la Asociación Silvicultores de Chancol, más conocida por los lugareños como Asilvochancol.

IMG_0541Uno de los mayores obstáculos para mejorar sus condiciones de vida ha sido la falta de capacidades para manejar la maquinaria forestal que poseen, esencial para sacar provecho del bosque reforestado de 2,500 hectáreas, propiedad de la asociación. Esto explica, por ejemplo,  por qué el horno de secado de madera, el aserradero y una carpintería que les donaron en 2006 permanece sin uso desde entonces.

Por si fuera poco, por tener carácter legal de organización no lucrativa, no podían desarrollar actividades industriales y comerciales. Pero esta realidad ha comenzado a cambiar. Los esfuerzos de Asilvochancol, junto con el apoyo del programa Clima, Naturaleza y Comunidades en Guatemala (CNCG) de USAID, les abre oportunidades de desarrollo industrial y comercial.

“Nos apoyan con proyectos de reforestación, elaboración del inventario forestal y la constitución de la empresa. Así vamos a poder aprovechar el bosque de forma sostenible y legal de ahora en adelante”, dijo Lucio Fabián, gerente de Asilvochancol, quien reconoció que ahora sus socios se benefician con estos ingresos y les abren también oportunidad de empleo a más miembros de la comunidad.

DSC_0415CNCG no solo les apoyó a establecer la empresa para poder comercializar la madera sino que le brinda capacitación y formación empresarial para que puedan ingresar al mundo de los negocios.

“Les apoyamos con capacitación en campo, trayendo a silvicultores de la misma región para que aprendan a aprovechar el bosque, y posteriormente a aserrar la madera. También pondremos a funcionar el horno de secado, todo ello con el fin dar un valor económico a las plantaciones por parte de los comunitarios”, explica Rudy Monzón, técnico de CNCG.

DSC_0427De este modo, Asilvochancol estima la venta de un millón de pies tablares de madera al año, equivalente a unos $500 mil al año en ventas, cuyas utilidades serán distribuidas en las más de 500 familias para su sostenimiento y crecimiento económico.

“Ha sido un sueño que podamos poner a funcionar el aserradero. Nos sentimos felices de poder empezar aprovechar el bosque. Nuestra idea es que la familias puedan beneficiarse de los recursos del bosque, obtener algunas ganancias y seguir creciendo como organización”, concluye con ilusión Gonzalo López, presidente de ASILVOCHANCOL.

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