Agricultura/café

Liderando el cambio

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La producción de café todavía es un mundo dominado por los hombres, pero Myleydi Araya, de 41 años, es una de las valientes mujeres que están ayudando a cambiar esta realidad. En 2011, al morir su padre, ella heredó una finca de café de una hectárea que se ubica en las montañas de Tarrazú, una de las regiones cafetaleras más famosas de Costa Rica. La finca estaba muy mal manejada por una tercera persona, por lo que ella heredó plantas débiles con pequeñas cerezas de café y muy baja productividad. Inmediatamente, Araya decidió tomar las riendas de la finca y manejarla ella misma.

“Cuando yo la tomé, esta finca estaba enferma y la productividad era de unas 12 fanegas por hectárea (la fanega es una unidad de medida calculada para rendir 46 kilos de café oro)”, cuenta Araya, mientras corta las últimas cerezas de café de la cosecha de este año. “Con todos los cambios que yo he hecho, este año estamos cosechando unas 43 fanegas”.

Los cambios a los que Araya se refiere son las prácticas de agricultura sostenible que ella aprendió con ayuda de CoopeTarrazú, la cooperativa local de café y una de las más grandes de Costa Rica.  CoopeTarrazú tiene 3.700 miembros que producen café en Tarrazú. Casi todo el café de esta zona es exportado como un producto premium y gourmet.

CoopeTarrazú lleva a cabo un programa gratuito de capacitación y asistencia técnica que promueve entre sus miembros prácticas de producción y cosecha sostenibles.  Los productores también son motivados a obtener la certificación Rainforest Alliance. Araya logró la certificación Rainforest Alliance en 2011 y, actualmente, 216 miembros de la cooperativa también están certificados.

“Basicamente establecí un sistema de trabajo nuevo para la finca, porque no tenía casi nada de árboles de sombra, no había cobertura en el suelo y se utilizaban agroquímicos sin control”, resalta la productora. Con ayuda de su esposo Ricardo Zúñiga, quien trabaja en el programa de certificación y asistencia técnica de CoopeTarrazú, Araya empezó por realizar un análisis del suelo para identificar las necesidades de nutrientes y su nivel de acidez, luego se enfocó en aplicar fertilizante.

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Ella también empezó a “cultivar fertilizante”. La productora plantó decenas de árboles de aguacate que proveen sombra para las plantas y muchos nutrientes orgánicos para el suelo mediante las hojas que botan y que ya formaron una alfombra alrededor de la finca. Cuando están en temporada, sus deliciosos aguacates también generan un ingreso extra para la familia.

Siguiendo las recomendaciones de los agrónomos de CoopeTarrazú, se preparó para enfrentar un posible ataque de roya. Aunque las zonas altas como las de Tarrazú –su finca está ubicada a 1.600 metros de altura– han sido tradicionalmente inmunes a esa enfermedad, recientemente muchos productores se han convertido en víctimas de la roya. La finca tradicional de su vecino perdió casi toda la cosecha debido a que la roya básicamente desnudó las plantas. Entre una finca y otra no hay una pared o ningún tipo de separación, pero las enormes y frondosas plantas de café de Araya siguen libres de roya.

Continuamos la conversación pero Araya toma un descanso con sus trabajadores.  Se sienta, come algo y me cuenta que también ha aprendido mucho sobre proteger el medioambiente. Recuerda que mientras crecía no se escuchaba mucho sobre conservar el agua o plantar árboles para ayudar a los animales.  Ahora está plantando árboles a la orilla del arroyo que cruza su finca y se asegura de mantenerlo libre de basura. Araya está feliz porque ahora ve en la finca muchas más aves que antes,  pero más aún porque su tierra está libre de químicos tóxicos.

Araya inspiró a su hermana a manejar el trozo de tierra que heredó de su padre. Ella le está enseñando sobre sostenibilidad y productividad, y la ayuda a trabajarlo cuando tiene tiempo libre. Su hermana está preparándose para obtener la certificación Rainforest Alliance  este año, uniéndose al grupo de 55 mujeres miembro de CoopeTarazú que cuentan con esta certificación.

Zúñiga llama a su esposa “la patrona” porque es una mujer fuerte, determinada, buena para los negocios y una líder por naturaleza.  Juntos poseen y manejan otra finca de café de 2 hectáreas, la cual está cerca de su casa y también está certificada.

“Estoy orgullosa de mí misma porque hago lo que me gusta”, asegura Araya. “Disfruto deshijar las plantas yo misma y cosechar el café. Estoy manejando mi finca exitosamente y ahora es verde, saludable y rentable”.

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