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Una mujer a cargo: de cocinera a líder de la comunidad

centenoCuando Ana Elizabeth Centeno se enteró de que su comunidad, ubicada en el centro de la Reserva de la Biosfera Maya de Guatemala, estaba considerando una concesión forestal, no le gustó la idea. “Va en contra de nuestra tradición de vivir a partir de los productos no maderables como xate, chicle y la pimienta de Jamaica” , explica. “Pensé que iba a ser el final de la selva como la conocíamos”.

Dieciocho años más tarde, el bosque y la comunidad prosperan y Centeno – quien enviudó con cuatro hijos pequeños poco después de que se otorgó la concesión – ha sido capaz de mantener y educar a sus hijos precisamente con el trabajo en la concesión. También ha entrenado a otras mujeres en las habilidades que ha adquirido durante sus muchos años en la gestión sostenible de los bosques.

En 1998, ante la gran necesidad de trabajar para mantener a sus cuatro pequeños, Centeno tomó un empleo como cocinera para los trabajadores forestales. Pero pronto se demostró a sí misma que era capaz de mucho más que eso, y fue puesta a cargo de dirigir el taller de transformación de la madera – una posición que sorprendió a muchos en un primer momento. “Los hombres no me aceptaron porque era estricta. Si se rompió una herramienta, tenías que darme la antigua antes de que yo te diera una nueva”. Sin dejarse intimidar por la resistencia, Centeno siguió trabajando en la supervisión y otras áreas de gestión de la madera.

En 2005, Rainforest Alliance y un grupo de conservación local, la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP), presentaron la idea de trabajar con xate, una hoja de palma ampliamente utilizada en arreglos florales (más de 30 millones de palmas se exportan a los EE.UU. y Canadá sólo para el Domingo de Ramos). Centeno empezó a ayudar en la tienda de xate. “Entrené a 21 mujeres para trabajar con xate”, recordó. “Al principio, no fue fácil convencer a los maridos de dejar que sus esposas trabajaran, pero lo hemos conseguido. Estoy tan feliz de ver cuántas mujeres pueden ahora poner un poco de dinero en sus bolsillos para comprar lo que quieran”.

Centeno es quien ahora administra los beneficios sociales para su comunidad y los créditos para las mejoras en la concesión. El dinero ganado conjuntamente ha proporcionado becas a 30 jóvenes para que asistían a la escuela técnica o universidad. “Incluso hemos asumido la responsabilidad del Estado para pagar a nuestros maestros y para proporcionar primeros auxilios”, dijo. “Con el dinero que nos hemos ganado, hemos incluso salvado vidas. A una niña la mordió una serpiente barba amarilla (venenosa) y “con los fondos que teníamos como comunidad pudimos conseguir un vehículo para llevarla rápidamente al centro para que recibiera tratamiento.

Centeno es madre y por eso para ella lo más importante es que la concesión forestal le ha ayudado a mejorar la vida de sus hijos. “Yo no quiero que sufran lo que yo sufrí. Tuve la oportunidad de darles educación, únicamente a partir de mi trabajo con la concesión. Ahora trabajan en un pueblo cercano. Puedo decir que he cumplido mi papel como mujer y madre porque yo fui capaz de mantener a mis hijos”.

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