Honramos a una luchadora por los bosques y su gente

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Esta semana celebramos en Nueva York nuestra Gala Anual y uno de sus momentos más emotivos es la entrega del Community Leadership Award, un premio que reconoce el liderazgo en la comunidad. El homenaje es un tributo a Juana Payaba Cachique una líder incansable por los derechos y los recursos de su comunidad.

Esta valerosa mujer fue presidenta de la comunidad de Tres Islas, el hogar de los indígenas ese’eja y Shipibo, en la amazonía peruana, y su incansable lucha contra la tala ilegal y la destrucción ocasionada por la minería le valieron este año su designación.

Su nombre surgió naturalmente dentro de una lista de 10 personas o iniciativas con las que trabajamos durante el último año y en quienes vimos un compromiso impresionante por asegurar que los bosques del mundo brinden sustento a sus habitantes (humanos y silvestres) , pero conservándolos en pie para las generaciones del futuro. Esa lista fue analizada luego, primero por un jurado a lo interno de Rainforest Alliance y luego por otro externo. ¡Juana resultó vencedora!

“Estoy agradecida y sorprendida, llena de satisfacción y espero que con surjan más personas interesadas en ayudar a nuestra microempresa y podamos darle un mejor mañana a nuestros jóvenes”, nos comentó Juana días atrás cuando se enteró de su escogencia.

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La microempresa que menciona Juana es la constituida por la Asociación Forestal de Madre de Dios que les permite a partir de la cosecha de la castaña y el aguaje, producir “snacks”, aceites y pulpas. El esfuerzo de la comunidad y el empeño de esta lideresa fueron el mejor escenario para trabajar con ellos en asistencia técnica y capacitación, y apoyarles luego cuando se empeñaron en tener su propia planta procesadora.

“Tener la planta nos ayudó mucho, porque ya no teníamos que salir a vender la castaña fuera de la comunidad. Se convirtió en una fuente de trabajo que evitará que nuestros niños y jóvenes tengan que abandonar la comunidad en busca de un mejor futuro”, afirma Juana cuando recuerda algunos de los mejores momentos de su lucha.

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Pero igual no olvida los más duros, cuando el mercurio de la minería empezó a contaminar los ríos, envenenar sus peces y afectar a los pobladores que los consumían. Se derribaban los bosques y se mancillaban los derechos de los grupos indígenas; la prostitución se hizo presente y Juana no podía cruzarse de brazos; allí empezó la lucha que hoy reconocemos.

Ella sabe que es una batalla constante porque la ambición por extraer el oro de la región no va a terminar fácilmente, pero también porque ahora enfrentan los desafíos del cambio climático. El patrón de lluvias de la región está alterado y eso ha afectado la cosecha de castaña que requiere de mayor cantidad de sol.

Pero Juana no renuncia a sus sueños, ahora celebra que gracias a las ventas que consiguieron a raíz de la planta, han podido comprar un transformador que les permitirá abastecerse de energía menos costosa para sus procesos de producción.

El bosque y sus habitantes necesitan quién vele por ellos y Juana no los va a defraudar.

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