Agricultura climáticamente inteligente/Cacao/Certicación

Un paraíso de osos perezosos

FINMAC cocoa CR (3)En FINMAC, una finca de cacao orgánico y certificada Rainforest Alliance, ubicada en la región Atlántica de Costa Rica, no es raro ver una mamá perezosa colgando de uno de los monorrieles que se utilizan para transportar el cacao y verla avanzando lentamente mientras que su bebé duerme tranquilamente sobre su barriga. Y no solo se observan en los monorrieles: los visitantes que atraviesan esta verde y exuberante finca de 244 hectáreas podrían ver decenas de perezosos colgando de los árboles de cacao, ya que FINMAC provee hábitat para nada menos que 450 de estas encantadoras criaturas.

FINMAC cocoa CR (16)Rodeada por fincas convencionales de piña, banano y ganado, FINMAC se ha convertido en un oasis forestal: cuenta con unos 120.000 árboles de cacao que están plantados bajo la sombra de cientos de árboles de almendro, sota caballo, cristóbal y eucalipto, así como cientos de plantas de banano y palmas de coco. Este sistema agroforestal, conocido como un “agrobosque” de cacao, es un hábitat ideal para aves, monos aulladores y especialmente para los osos perezosos que son tan icónicos de Costa Rica. También refleja los principios que promueve la certificación Rainforet Alliance.

“Los osos perezosos prosperan en nuestra finca de cacao porque acá tienen comida en abundancia, buenos árboles para descansar y movilizarse, y porque esta es una finca orgánica que provee un hábitat seguro y libre de químicos”, explicó Geovanny Herrera, un biólogo local que apoya la investigación sobre la ecología de los perezosos que lleva a cabo en FINMAC la Universidad de Wisconsin, Madison, Estados Unidos. Durante 10 años, Herrera y su equipo han estudiado los perezosos que viven y visitan FINMAC para comprender su dispersión, migración, el intercambio genético y el enlace que existe entre la agricultura y su hábitat.

FINMAC cocoa CR (5)Como los árboles de cacao en FINMAC son bajos (miden entre 1,5-2,5 metros), es más fácil para biólogos observar a estas lentas criaturas. Herrera dijo que a los perezosos les gusta descansar particularmente en los árboles que se sembraron para reforestar los parámetros de la finca, una práctica de conservación promovida por la certificación Rainforest Alliance. Los esfuerzos ambientales de FINMAC también han beneficiado a la población de monos aulladores dentro de la finca, la cual ha crecido de cinco a 40 individuos en 10 años, agregó Herrera.

Jorge Guzmán - farm manager FINMAC (2)

Jorge Guzmán, administrador de la finca FINMAC

El modelo agroforestal de FINMAC no ha sido bueno solo para los perezosos y los monos, también es muy bueno para el negocio. El sistema agroforestal mejora la calidad de suelo, que a su vez mejora la calidad de los granos de cacao, según explicó Jorge Guzmán, el administrador de la finca. FINMAC solo utiliza fertilizante orgánico y cosecha su cacao de forma manual y cuidadosa, lo que resulta en granos de sabor fino, de altísima calidad y muy aromáticos, los cuales son muy apetecidos en los mercados internacionales y por empresas que elaboran chocolates de lujo.

Roy Herrera - harvest FINMAC (1)FINMAC exporta la mayoría de los 110.000 kg de cacao que produce anualmente a Europa, pero una parte también se vende a empresas nacionales de chocolate como Sibú, una pequeña empresa costarricense que elabora chocolates artesanales para el mercado local e internacional, y Chocolates Amazilia, una microempresa costarricense liderada por mujeres de la comunidad, quienes hacen chocolates orgánicos para generar ingresos adicionales para su familia, con ayuda de FINMAC.

Lucía Valverde - Chocolates Amazilia (2)Chocolates Amazilia nació en 2004, cuando el dueño de FINMAC, Hugo Hermelink, y un par de biólogos, que estaban estudiando a los perezosos, motivaron y apoyaron con materiales a un grupo de esposas de trabajadores de la finca para que empezaran su propio negocio, algo necesario en una región donde hay escasas oportunidades de trabajo para las mujeres. Un año después, las mujeres estaban vendiendo sus primeras barras de chocolate orgánico. Hoy, esta pequeña empresa vende unas 20.000 barras por año y da empleo a ocho mujeres locales.

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