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Lo que más importa

Daniel R. Katz, fundador de Rainforest Alliance, en los noventa

Hace 30 años, en plena crisis de deforestación mundial, un pequeño grupo de jóvenes de Manhattan se unió con un objetivo singular: salvar a los bosques tropicales del mundo de la destrucción.

Éramos una variedad heterogénea de jóvenes voluntarios -entre nosotros había un experto en la China, un toxicólogo, un voluntario del cuerpo de paz y un masajista- quienes se encontraban en las esquinas, usando tablas de planchar como mesas para vender las camisetas “Salven a los bosques tropicales“. Gritábamos a los transeúntes la noticia de que nuestro planeta estaba perdiendo biodiversidad a un ritmo alarmante y animabamos a la gente a detenerse y a hablar. Algunas de esas personas se convirtieron en nuevos voluntarios. Aquellos que en realidad habían estado en un bosque tropical se convirtieron en nuestros invitados “expertos” en los eventos de las noches de domingos que celebrábamos en el Open Center de Nueva York. En cuestión de meses, formamos Rainforest Alliance, una de las primeras organizaciones internacionales dedicadas a la conservación de los bosques tropicales.

Era 1987, y estábamos listos para cambiar el mundo. A los 25 años, me convertí en el primer miembro oficial del personal de Rainforest Alliance, trabajando desde varias oficinas donadas. Mis amigos y familiares se rieron de la idea de iniciar una organización de conservación para el bosque tropical en la ciudad de Nueva York. Pero nos mantuvimos firmes ante nuestra convicción de que para salvar los bosques tropicales, seríamos más eficaces trabajando en la capital financiera y de medios del mundo.

Para ello, uno de nuestros principales logros fue organizar una conferencia internacional sobre la deforestación tropical: tres días de eventos sin parar, incluyendo un concierto, un festival de comida y mesas redondas sobre la deuda externa, como obtener la cobertura de los medios y el papel crucialmente importante de las organizaciones comunitarias en los puntos calientes (hotspots) de deforestación. Setecientas personas asistieron a nuestra conferencia, que se llenó totalmente, desbordando el auditorio que habíamos reservado en Hunter College. Más de 50 conferencistas de todo el mundo expusieron lo que seguía siendo un problema bastante desconocido. En el transcurso de 72 horas, discutimos el desafío al cual Rainforest Alliance se ha dedicado durante 30 años: el nexo entre la pobreza rural y la deforestación en el contexto de una economía cada vez más global.

Aunque comenzamos como una organización puramente educativa basada en la ciudad de Nueva York, nos aventuramos rápidamente a los países tropicales para obtener una mejor comprensión de la deforestación a través del trabajo de campo. Todavía no teníamos soluciones a la crisis de deforestación, pero sentíamos que no podíamos permanecer cómodamente instalados en la ciudad mientras los bosques tropicales del tamaño del Central Park eran destruidos alrededor del mundo cada 16 minutos. Queríamos que todos comprendieran la interdependencia entre los seres humanos y la naturaleza y que vieran cómo los impactos de los seres humanos llegaban más lejos que nunca. Nuestra experiencia inicial en el campo nos ayudó a comunicar a los residentes urbanos cómo precisamente nuestra manera de vivir era la motosierra que destruía el bosque tropical, aunque no la pudiéramos ver desde las ventanas de nuestros apartamentos.

Buscábamos una manera de conectar al consumidor promedio en, digamos, Manhattan o Londres, a agricultores y comunidades indígenas en los puntos calientes de deforestación tropical del mundo. Nada de eso existía, así que desarrollamos nuestro proyecto de certificación forestal, dirigido primero por Ivan Ussach, de nuestro grupo original de voluntarios, y más tarde por Richard Donovan. Después de algunos éxitos y algunas fallas, lanzamos el primer programa independiente de certificación forestal por terceros. Para un grupo de voluntarios en una organización naciente que intentaba cambiar las prácticas forestales arraigadas era audaz, por decir lo menos, y las compañías forestales nos lo dijeron. Pero poco a poco, la certificación empezó a aumentar en popularidad.

Diane Jukofsky y Chris Wille entrevistando a los agricultores

Estábamos por delante de la curva en ese entonces. Tanto es así que el término “soluciones basadas en el mercado” ni siquiera había sido acuñado. Sin embargo, Chris Wille y su esposa Diane Jukofsky, también de los voluntarios iniciales, creyeron en Rainforest Alliance lo suficiente como para dejar sus trabajos, hacer sus maletas y establecerse en Costa Rica, donde establecieron el Tropical Conservation Newsbureau, uno de los primeros proyectos financiados por Rainforest Alliance en 1990. Allí, capacitaron a las organizaciones de conservación locales en estrategias de comunicación, publicaron historias sobre la crisis de la deforestación y trabajaron con periodistas de la región –incluyendo a muchos de países que acababan de salir de conflictos civiles- para investigar e informar sobre los temas de conservación. También comenzaron a construir nuestro trabajo en materia de productos agrícolas, empezando por la notoriamente destructiva industria bananera. En cinco años, Rainforest Alliance trabajaba con todo tipo de empresas a lo largo de la cadena de suministro, desde pequeños agricultores y empresas forestales comunitarias hasta plantaciones propiedad de compañías bananeras globales para eliminar la deforestación y el abuso laboral de sus operaciones. A medida que construíamos nuestros programas de certificación, cofundamos el Forest Stewardship Council y la Red de Agricultura Sostenible para asegurar la máxima integridad en el mantenimiento de estos “estándares de oro” de sostenibilidad.

Para recompensar a los productores que cumplían con los rigurosos estándares de sostenibilidad que promovíamos y para dar a la gente una manera fácil de tomar decisiones responsables como consumidores, introdujimos una versión de nuestro logo, la pequeña rana verde, como un ¨sello de confianza¨ para una buena administración ambiental. Aunque estas marcas de confianza han proliferado en los años posteriores, la rana verde es, hasta el día de hoy, un símbolo emblemático de responsabilidad ambiental, económica y social.

Algunos de los expertos más especializados de nuestro personal han permanecido con Rainforest Alliance durante más de una década sin perder la pasión que demostraron cuando se unieron al equipo. ¿Qué nos permite permanecer comprometidos y traer energía fresca a este trabajo día tras día, mes tras mes, año tras año? Dos factores vienen a la mente: el primero es que, a pesar del progreso, la crisis de deforestación no ha disminuido. De hecho, ahora sabemos que la urgencia es aún más aguda, ya que el cambio climático causa estragos en todo el mundo. El segundo, es que el paisaje de conservación cambia de manera tan constante y tan dramática que lo que antes era nuestra certificación básica, ahora es sólo una herramienta más en nuestra caja de herramientas de conservación cada vez mayor.

Al principio, celebramos con entusiasmo cada nuevo producto al que se agregó nuestro sello de rana. Y mientras todavía nos sentimos muy orgullosos de la creciente ubicuidad de nuestra rana, hemos estado invirtiendo en nuevas formas de fortalecer nuestro impacto y escalar. Hemos añadido sólidos programas de capacitación a nuestra caja de herramientas, así como la investigación y promoción internacional, financiamiento sostenible y una gama de servicios para ayudar a las empresas que buscan implementar sus compromisos de responsabilidad social corporativa. Hoy en día, estamos enfocados en iniciativas de conservación del paisaje que combinan silvicultura comunitaria, agricultura climáticamente inteligente y turismo sostenible para crear economías forestales sostenibles en paisajes enteros.

A medida que continuamos adaptándonos a los nuevos desarrollos y catalizando la innovación tecnológica necesaria para alcanzar nuestros objetivos, mi trabajo es recordar a nuestro dedicado personal que lo que más importa no son nuestros “indicadores de desempeño clave”, ni nuestro “retorno de la inversión” o los ingresos de nuestros socios (aunque ciertamente queremos que su administración responsable sea rentable y satisfactoria). Lo que más importa es un cambio positivo en el terreno para los agricultores, los silvicultores y sus familias, para los bosques, los océanos y los ríos, para las innumerables especies amenazadas que tienen derecho a existir. Nuestra misión es cambiar un sistema de producción global que no respeta los límites planetarios.

Después de 30 años en el negocio, lo que hemos aprendido acerca de las complejidades de este trabajo pudo haber aterrorizado a ese grupo de jóvenes voluntarios. Cuando se trata de mantener un bosque de pie y sano, haciendo productiva y ecológicamente sana una finca, o creando un amortiguador entre las comunidades rurales prósperas y la pobreza abyecta, hemos acumulado un tesoro valioso de sabiduría ganada a través de la experiencia. Hemos aprendido la importancia de mantenerse flexibles, agudizado nuestras estrategias y descubrimos cómo identificar las palancas de cambio a través de una multitud de países, culturas e industrias. El secreto de nuestro éxito es a la vez simple y enormemente complejo: un firme compromiso con la integridad y el trabajo en alianza con las comunidades de primera línea.

Reformular las prioridades globales de desarrollo a través del mercado es una empresa ambiciosa e impredecible. Las victorias son vitales para las personas con las que trabajamos; los errores, los desafíos y los choques inesperados en el camino son tan difíciles como inevitables. “Resiliencia”, una de las palabras más populares del medioambiente hoy en día, es la capacidad de absorber los choques al sistema que alteran la estabilidad. La resiliencia permite a los individuos hacer frente a reveses aparentemente insuperables en la vida, al igual que preparar a comunidades enteras para enfrentar los brutales efectos del cambio climático. Debemos acoger el desafío más urgente de nuestro tiempo – disminuyendo los recursos naturales que se extienden más allá de sus límites naturales para alimentar a una población mundial proyectada para llegar a los nueve mil millones para el año 2050 -como una alianza global vibrante, energizada, diligente y resiliente. Gracias por su inestimable apoyo en la construcción de esta alianza.

“Lo que más importa es un cambio positivo en el terreno para los agricultores, los forestales y sus familias, para los bosques, los océanos y los ríos, para las innumerables especies amenazadas que tienen derecho a existir.”

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