Comunidades Mayas unen fuerzas para impulsar la silvicultura sostenible en el sur de México

Un centro de carpintería de propiedad colectiva transforma la madera sostenible en finos productos.

“Para mí, la madera es el material más noble en toda la naturaleza y podemos transformarlo en cualquier cosa que podamos imaginar”, nos dijo Yuriria Hernández Velasco, la capataz de K’áax Mayas, una tienda de carpintería en la sureña Península de Yucatán.

La creación de muebles, puertas y artículos de decoración del hogar, y todo lo que Hernández y su equipo puedan imaginar, es el corazón de esta extraordinaria empresa, que es propiedad conjunta de Alianza Selva Maya, un consorcio de cinco ejidos que trabajan de manera sostenible. Con el apoyo de la Fundación Tinker, Rainforest Alliance trabaja con el grupo para aumentar el valor de la madera que cosechan estos ejidos, y K’áax Mayas se lanzó en 2015 como parte de ese esfuerzo. Esta emocionante experiencia refleja un creciente impulso local para capitalizar las oportunidades de la empresa forestal comunitaria sostenible: mejorar los medios de subsistencia de una manera que mantiene en pie a los valiosos bosques de Yucatán.

Yuriria Hernández Velasco, capataz del taller del Instituto Tecnológico de la Zona Maya.
Foto: Michael Toolan.

“El hecho de que nuestra madera proviene de bosques gestionados de forma sostenible nos llena de orgullo”, afirmó Hernández.

Debido al tamaño y ubicación de los ejidos -todos ellos se encuentran lejos de cualquier centro urbano- un taller como K’áax Mayas no habría sido posible sin unirse. “Después de 40 años de desarrollo ejidal, lo mejor que podía hacer un ejido era tener un aserradero. La Alianza Selva Maya nació para resolver problemas que los ejidos no podían resolver solos”, dijo Alfonso Argüelles, director ejecutivo de la organización y quien también es el representante de México en el Forest Stewardship Council (FSC®).

Conseguir financiamiento para los ejidos individualmente también habría sido un problema, pero juntos, y con el apoyo de la Fundación Tinker y la guía de Rainforest Alliance, los ejidos de la Alianza Selva Maya tenían los medios para obtener un edificio abandonado en los terrenos del Instituto Tecnológico de la Zona Maya, un centro de ciencias forestales y agrícolas. Pronto este espacio se convirtió en el sonoro taller que maneja Hernández. Los estudiantes de silvicultura de la escuela adquieren una importante experiencia práctica en el taller y establecen vínculos con los ejidos. Para algunos, es el paso hacia un trabajo en los ejidos cercanos.

Cuando Hernández fue contratada por primera vez para administrar la tienda, K’áax Mayas solo estaba fabricando entarimados. Pero, en una parte por el interés de ella en el diseño, y por la otra porque el dinero real proviene de productos con valor agregado como puertas y decoración del hogar, la tienda se expandió para fabricar muebles y otros artículos de madera finamente producidos. “Cuando aprendí por primera vez a hacer muebles, fue mágico”, reconoció. Los productos que salen del taller de K’áax Mayas están destinados a los hoteles de lujo de Cancún, Riviera Maya y Tulum. Pero los ejidos miembros de la Alianza Selva Maya también buscan vender directamente a los consumidores. Con ese fin, una sala de exposición en la turística ciudad de Chetumal en abril de 2018.

Gilmer Humberto Ramos Hernández en Nuevo Becal, un ejido en Campeche, cuyas operaciones forestales incluyen madera certificada FSC, carbón y producción de miel.
Foto: Michael Toolan

“La gestión forestal comunitaria vinculada a los mercados responsables es clave para la conservación de los bosques, la biodiversidad y los servicios ambientales”, dijo Edgar González Godoy, director de Rainforest Alliance para México. “Puedes ver eso en acción aquí en K’áax Mayas. Los ejidos se benefician, los bosques e benefician”.

Area protegida del bosque en Ejido Noh Bec. Foto: Michael Toolan

Los ejidos se establecieron por primera vez tras la Revolución Mexicana (1910-1921), cuando las reformas agrarias redistribuyeron la tierra entre las comunidades rurales, otorgándoles el derecho de administrar sus bosques como lo consideraran conveniente. Los cinco ejidos que forman Alianza Selva Maya trabajan de manera sostenible, reservando una parte de sus bosques para la conservación, mientras siguen un plan de manejo sostenible para las áreas que cosechan.

Dos de los ejidos están certificados por el FCS. Pero para que los ejidatarios sigan protegiendo los bosques, tienen que ser capaces de ganarse la vida de manera consistente, lo que significa construir negocios competitivos y conectarse directamente a los mercados. Uno de ellos, el Ejido Caobas, por ejemplo, recibió asistencia técnica de Rainforest Alliance y eso le permitió eliminar intermediarios locales y vender directamente a un comprador internacional, que pagó tres veces el precio que había estado recibiendo por su madera localmente. La venta permitió que el ejido invirtiera en nuevo equipo, convirtiéndose en una empresa verdaderamente sostenible e inspirando a otros ejidos cercanos a obtener la certificación.

La tienda de carpintería de la Alianza Selva Maya es otra forma en que las comunidades aumenten los ingresos locales, y el hecho de que ayuda a proteger su patrimonio natural no se pierde entre quienes trabajan en K’áax Mayas. “Nos enorgullece usar la madera y saber que estamos cuidando el bosque”, dijo Hernández.

 

 

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