Pasión y tradición heredadas fertilizan el cafetal.

Marco Lidio Rojas no puede ocultar el orgullo que siente cuando escucha los halagos que su pequeña pero productiva finca cafetalera recibe de quienes recorremos la plantación una soleada mañana, en San Miguel de Naranjo, una región al noreste de Costa Rica y que destaca por la calidad de su café.

La propiedad abarca 15 hectáreas de las cuales 10 son de producción, 1.5 corresponden a la rivera de la quebrada que cruza la propiedad y el resto es bosque. Llegó a manos de Marco Lidio hace más 40 años, como herencia: su abuelo la heredó a su madre y ésta se la entregó luego a él.

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“Cultivar café y producirlo es lo que siempre me ha gustado porque, aunque mis papás nos mandaron al colegio, algo que en aquella época era difícil, y saqué mi bachillerato, mi ilusión fue producir café”. En 1973 ingresó a la Universidad, pero no le gustó ya que trasladarse desde la finca al centro de estudio era muy complicado. Por eso mejor regresó al cafetal.

La finca de Rojas forma parte del programa AAA Sustainable Quality que Nespresso y Rainforest Alliance desarrollamos luego de asociarnos en 2003 y gracias al cual Nespresso obtiene más del 80% de su café de fincas AAA y más del 40% de fincas Rainforest Alliance Certified ™. Gracias a su participación, este pequeño productor ha recibido capacitación sobre el uso equipo de protección al aplicar productos químicos, así como acceso a análisis de suelo y foliares que le permiten identificar si necesita fertilización, con qué sustancias y cuándo realizarla.

Al consultársele sobre resultados, Marco Lidio nos comparte que la última cosecha fue mayor y de mejor calidad que la anterior. También reconoce que, como todo proceso, al inicio fue necesario adaptarse al sistema y a los requerimientos de la certificación Rainforest Alliance, como llevar registros de sus actividades o enseñarles a los recolectores la importancia de solo recoger el grano maduro, porque “si somos un grupo de productores de café certificados y no sale con buena calidad, no estamos haciendo nada”.

La finca la trabaja Rojas, junto a su hijo y dos peones permanentes. En época de cosecha se contratan entre 20 o 30, generalmente provenientes de la zona del vecino cantón de San Carlos, aunque en tiempos recientes también se han incluido trabajadores locales. Y entonces, surge una anécdota: “El año pasado se contó con el trabajo de cuatro jóvenes vecinos que llegaban a la finca cada día en su propio carro, porque necesitaban el salario para poder ir a la universidad”.

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Marco considera que la finca resulta atractiva para los trabajadores porque las calles son más anchas (usualmente miden 2×1 -entre calles dos metros y un metro entre matas- pero en su finca miden 2.40 X 1).   Entonces es más fácil recolectar y las matas se desarrollan mejor y produce más, pues al captar más luz del sol, se estimula la planta. la mata frondosa y produce más. Actualmente mantiene 4000 matas por ha, frente a las 6000 mil que se recomendaban anteriormente.

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Pero lo que llama la atención en la finca de Rojas no es solo las ordenadas y amplias hileras de cafetos. Los enormes y abundantes árboles completan el hermoso paisaje. Cuarenta por ciento del área total de la propiedad está ocupada por árboles para sombra y su propietario prefiere que sean especies de gran altura altos, pues la sombra alta le cubre más área. A Marco Lidio le agrada la presencia de árboles pues, además de la sombra, hojas y otros materiales que desprenden airean el suelo, conservan su humedad y minimizan enfermedades.

Como prácticamente todo productor agrícola, Rojas enfrenta los desafíos que la crisis climática presenta. “Este año nos afectó la parte climática porque mientras el año pasado la floración se presentó en dos ocasiones -en marzo y mayo-, este año solo hubo en mayo y el día que abrió la flor, llovió”; esa lluvia que relata generó una reducción en el fruto.

La temperatura también ha variado; en el periodo de marzo a abril, los picos suben 1.5 grado en promedio y otros productores de regiones más altas a quienes nunca les faltaba el agua, en esta oportunidad vieron como prácticamente desaparecía la quebrada que recorría la zona. En el caso de la finca de Marco, la quebrada que la recorre prácticamente no se ha llenado y los suelos evidencian que no tienen suficiente humedad.

Al despedirnos y para ilustrarnos mejor el impacto de las variaciones climáticas en la actividad cafetalera, Marco echa mano a un viejo adagio que repiten los caficultores: “Si florea en febrero, se jala en sombrero; si florea en marzo o abril, en ferrocarril, y si florea en mayo, a caballo.

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