Productores de cacao y café alrededor del Santuario Megantoni, Perú, mejoran condiciones de vida

Antonio Curo es presidente de la organización APA Madre Selva, ubicada en Cusco, Perú, que agrupa cinco familias de café con poco más de 25 beneficiarios. Muchos de ellos se dedicaban al cultivo del café y achiote, pero “en 2015, llegó la roya y nos dejó sin economía”, recordó Antonio. Fue así como volvieron su mirada al cultivo del cacao. “Con el proyecto Amazonía Resiliente, aprendimos a organizarnos, nos dieron microcapitales y asesoramiento técnico para poder mejorar nuestros cultivos”.

La iniciativa Transformando la Gestión de Complejos de Áreas Protegidas/Paisajes para Fortalecer la Resiliencia de Ecosistemas – Amazonía Resiliente, iniciada en diciembre de 2017 y finalizada en marzo de 2020, fue implementada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, que apoyó al Estado, con la participación de la sociedad civil, el sector privado, las instituciones científicas y académicas, para diseñar, implementar, fortalecer políticas, programas y planes, con enfoque de sostenibilidad ambiental, gestión de los recursos naturales y la conservación de la biodiversidad a nivel local, nacional y regional.

Parte clave de este objetivo fue el crecimiento inclusivo y sostenible, incorporando capacidades productivas que generaran empleo y medios de vida para los grupos más vulnerables, de manera que pudieran diversificar sus ingresos y no depender de monocultivos. Al enfrentar situaciones como la narrada por Antonio con la llegada de la roya, los agricultores habrían ejercido mayor presión sobre las áreas protegidas en búsqueda de opciones para sobrevivir.

Juntos logramos mayor impacto

PNUD y Rainforest Alliance firmaron un acuerdo y nos correspondió diseñar una estrategia y un plan de acción, logrando generar una línea base con 1016 productores de café y cacao, los cuales cuentan casi 20 mil hectáreas de superficie total de la finca y tres mil sembradas con café y cacao; así como, la línea base socioeconómica de estas fincas con información de género, características físicas de la finca, y atributos de la forma de manejo del cultivo, incluyendo temas de manejo del predio, cosecha, y postcosecha, acceso a créditos y percepciones sobre el efecto del cambio climático.

El análisis de las encuestas sirvió para formar una base cuantitativa y cualitativa para elaborar los planes de mejora, la estrategia de capacitación en brechas priorizadas a nivel de fincas piloto y capacitaciones masivas para fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos.

Posteriormente, se diseñó el Modelo de Finca Resiliente, utilizando la herramienta de evaluación de riesgos climáticos y priorización de las buenas prácticas resilientes para el sector. Esto se puso en práctica con la implementación de 14 fincas modelo para las cuales se elaboraron planes de mejora, que han sido promovidos como núcleos de capacitación y guía para los productores en cada sector. También se diseñó la Guía conceptual de Agricultura Climáticamente Inteligente del Perú  (descarga gratuita).

Como parte del compromiso que aceptaron cumplir los productores, se suscribieron tres acuerdos de conservación entre cuatro asociaciones de productores de cacao y  el Santuario Nacional Megantoni con los objetivos de mantener la cobertura vegetal del santuario, la conservación de la biodiversidad, promover el incremento de los beneficios de la población local mediante el aprovechamiento de las oportunidades que ofrece y consolidar espacios para la gestión, con participación de actores comprometidos.

Apoyo para acceso mercados inclusivos

Pero, la iniciativa no hubiera estado completa sin incluir mercados dispuestos a comprar el producto de calidad que estos productores lograron cultivar de manera sostenible y con mejores prácticas. Fue así como también se firmó un acuerdo comercial entre la empresa de Chocolates La Ibérica y tres asociaciones productoras de cacao. La Ibérica aceptó el compromiso de comprar un volumen establecido de cacao a las asociaciones, con mejores precios, competitivos y estables durante un año. La compañía de chocolate también brindará asistencia técnica para la postcosecha de cacao y manejo integrado de plagas que garanticen la homogeneidad y estándares de calidad.

“Antes, el precio del cacao chuncho era muy bajo. Ahora logramos vender 300 sacos de 100 libras a 400.00 soles el saco”, explicó Antonio.  Por su parte, David Condori, representante de La Ibérica, indicó “a través de esta iniciativa hemos logrado desarrollar tres cadenas de valor alrededor del Santuario Megantoni que, aunque no está certificado orgánico, el productor se responsabiliza del cultivo sostenible, respetando la conservación y la biodiversidad; mientras nosotros le damos valor y los capacitamos para una mejor postcosecha y preservación de la calidad de cacao ancestral”.

Para lograr una asistencia técnica efectiva, 13 agencias de extensión asisten a los productores con prácticas que incrementan resiliencia en sus sistemas productivos mediante el seguimiento, uso de guiones metodológicos y herramientas digitales.

Finalmente, Agroideas presentó una estrategia de financiamiento para la sostenibilidad de sistemas agroforestales, reconversión productiva al cultivo de cacao y fortalecimiento comercial de la asociación de productores Agropecuarios Madre Selva – Lacco Yavero. Este financiamiento, beneficiará a 25 productores para la reconversión de 30.5 hectáreas de cacao en Huillcapampa ubicados en la zona de amortiguamiento del santuario.

Según Pedro Gamboa, del Servicio Nacional de Areas Protegidas (SERNANP), ” al crear alianzas que permitan a los pobladores locales el derecho de uso de los recursos naturales, a la vez que los protegen porque tienen un incentivo para mejorar sus medios de vida, propiciamos que sean microempresarios en lugar de solo recolectores”.

Como explica Javier Martínez, responsable técnico de la iniciativa Rainforest Alliance Perú, “se creó el sello “Aliados por la Conservación” para identificar los esfuerzos sostenibles de los productores que son recompensados con mejores precios en los mercados locales”. Este es otro esfuerzo donde se comprueba que las comunidades sí pueden proteger los bosques a la vez que desarrollan actividades económicas para mejorar sus medios de vida.

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