Guiando a productores hacia la agricultura climáticamente inteligente

El incremento en la temperatura, las sequías y eventos meteorológicos extremos afectan el rendimiento y la calidad de los cultivos al nivel mundial. El excesivo uso de fertilizantes químicos, el estiércol y metano que genera el ganado; los desechos orgánicos y aguas residuales, sumado a la deforestación, son fuentes preponderantes de los gases de efecto invernadero (GEI), de los cuales el manejo agrícola genera entre 10 a 12% del total a nivel mundial.

Nuestro equipo de trabajo en Perú desarrolló una guía para productores de café y cacao, que incluye conceptos básicos sobre la adaptación al cambio climático junto con una serie de prácticas que disminuyen los posibles impactos negativos que sus plantaciones pueden enfrentar asociados con el cambio climático. La información incluida les permite identificar, definir y fortalecer tanto los términos como los conceptos relacionados a la adaptación al cambio climático mediante el concepto de la agricultura climáticamente inteligente.  Compartimos aquí algunos de los aspectos más relevantes de la guía.

Prácticas y recomendaciones

La amenaza que la crisis climática presenta para el futuro económico de los pequeños agricultores recalca la importancia de tener un plan de manejo claro y efectivo que también incorpore estrategias para enfrentar sus efectos. El proceso comienza con identificar las posibles vulnerabilidades y luego revisar cuáles de las prácticas climáticamente inteligentes son las más útiles y factibles para implementar.

Un buen plan de manejo usa un mapa para planificar el desarrollo de la finca, identifica todos los usos y recursos, incluyendo las áreas de producción, habitacional, vías de acceso y otra infraestructura. También debe considerar los recursos naturales como los suelos, áreas de conservación y fuentes de agua, y los usos alrededor.  Junto al mapa también se deben describir las actividades necesarias durante el año para alcanzar las metas deseadas. Finalmente, el plan debe contener una forma de evaluar el desempeño de las actividades de la finca para identificar oportunidades para la mejora continua en la gestión. La diversificación de ingresos es una estrategia esencial para generar fincas resilientes al cambio climático y se logra al aumentar los productos que se cultivan en la finca ya sea con fines comerciales o de autoconsumo., sean productos comerciales o para abastecer sus necesidades domésticas.

Usos de la vegetación nativa y sistemas agroforestales

Los bosques y la vegetación nativa son excelentes recursos para disminuir los impactos del cambio climático, pese a que sus beneficios pasan desapercibidos por la población, las empresas y los gobiernos. Por eso es esencial realizar la restauración en función de los riesgos climáticos que se quiere atender, ya sea conservación de suelos y control de la erosión, la protección de los recursos hídricos, regulación de la sombra en los cultivos, o la creación de barreras rompevientos entre otros. 

La combinación de vegetación nativa con los cultivos y los animales domésticos genera un sistema agroforestal, que juega un papel muy importante en la resiliencia frente al cambio climático y generan múltiples beneficios para los agricultores.

Cuidando el suelo y el agua.

Cuando se carece de un adecuado sistema de conservación de suelo se corre el riesgo de sufrir una erosión severa y requiere una buena inversión en fertilizantes para tener buena producción. El productor puede entonces recurrir a cercos vivos o el uso de compost.

Con la siembra de árboles o arbustos sembrados constituyéndose en barreras vivas en el lindero de la finca, entre lotes o en los caminos internos, se provee sombra a los cultivos, se ayuda a controlar la erosión y se protege a los cultivos de vientos fuertes. Esta práctica puede optimizarse con otras que promueven la humedad del suelo, como cultivos de cobertura, sistemas agroforestales, terrazas o manejo de materia orgánica, entre otros.

Por otra parte, la crisis climática lleva consigo impactos en el agua. La presencia de lluvias torrenciales y prolongadas que tienen el potencial de inundar los cultivos, particularmente en zonas bajas, lo que perjudica la producción y salud de las plantas.  Para ello se recomienda el uso de sistemas de drenaje, barreras muertas y la construcción de terrazas con la finalidad de proteger los cultivos de la erosión y degradación del suelo, ya que promueven la infiltración del agua y disminuye las escorrentías. 

También se afecta directamente la calidad y disponibilidad de agua, por lo que es necesario tomar medidas para conservar este recurso. Una opción viable es utilizar el método de goteo con mangueras colocadas entre las hileras del cultivo que dosifican el riego y evitan el desperdicio.

 Si, por el contrario, la plantación sufre por ausencia de fuentes de agua el productor puede enfrentar ese desafío con una recolección de agua de lluvia. Disponiendo de adecuados recipientes tendrá disponible el líquido para lavar herramientas, preparar mezclas y para otros usos domésticos con necesidades bajas de agua.

Manejo de cultivos, plagas y enfermedades

La selección de variedades en el cultivo puede formar parte de una estrategia para manejar los riesgos del cambio climático, si se siembra variedades con características fisiológicas que muestran un nivel de resistencia a las enfermedades comunes y tolerancia tanto al estrés hídrico como al calor.

Se recomienda no depender de una sola variedad pues, al sembrar diversas se reduce el riesgo de pérdidas producto de condiciones climáticas, plagas o enfermedades.

A ello se suma la regulación de sombra realizada durante la poda al concluir la cosecha.  Así se regulan las condiciones de luminosidad y humedad, estimulando una mayor estimulación de la floración y producción de frutos.

Uno de los efectos del calentamiento global que amenaza a la agricultura es la mayor probabilidad de un incremento en la población de plagas, lo que resalta la necesidad de desarrollar y seguir un Manejo Integrado de Plagas y Enfermedades (MIPE).

Para ello se debe realizar prácticas de control que no dañen al medio ambiente, iniciando con labores culturales en forma oportuna. El énfasis es primero en la prevención; se debe complementar las actividades preventivas con la utilización y aplicación de controladores biológicos, soluciones orgánicas caseros como bioles. El producto se debe escoger en base a calidad y soporte técnico.

Un plan de fertilización debe basarse obligatoriamente en un análisis del suelo, tanto químico como físico, ya que éste permite adecuar la fórmula o hacer las correcciones más convenientes. La parte química determina los nutrientes disponibles o cuales se requieren en el cultivo, mientras la física nos dice qué tipo de mecanización se debe emplear. Sin un análisis de suelo se puede cometer errores en la fertilización que generan deficiencias o toxicidad en el suelo, perjudicar el cultivo o dar recomendaciones inconvenientes que resulten en el desperdicio de recursos.

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